LECCIONES SIN PALABRAS
En mi caso, es imposible hablar de este tema sin mencionar a Kiko, mi perro, que, siendo sincera, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Ha cambiado bastante cómo entiendo la lealtad, aunque reconozco que decirlo así suena un poco dramático. Lo que pasa es que hay algo en su forma de comportarse que te acaba calando. Llego a casa algunos días completamente destrozada, con la cabeza a mil después de una semana de exámenes o simplemente de mal humor sin ningún motivo concreto, y él está ahí, moviendo la cola como si ese momento hubiera sido lo mejor de su día. No le importa cómo llego ni el estado en el que estoy; para él, que yo haya vuelto es suficiente motivo para alegrarse. Eso, aunque parezca una tontería, te cambia un poco la perspectiva. También me sorprende su paciencia, porque aguanta que lo abracemos cuando nos apetece o que nos pongamos pesadas con él sin protestar nunca. Y eso me lleva a pensar en algo que se repite mucho pero que creo que no terminamos de asumir del todo: decimos que el perro es el mejor amigo del hombre, pero la relación no siempre es justa. Ellos nos dan compañía, alegría y un cariño constante que no depende de cómo estemos ni de lo que hagamos, y nosotros muchas veces ni siquiera nos damos cuenta. Su forma de querer no entiende de orgullo ni de intereses, y esa presencia silenciosa, en ocasiones, vale más que cualquier cosa que alguien pueda decirte.
En relación con el mundo de la educación, siempre se habla de trabajar la empatía, el respeto o la responsabilidad como si fueran asignaturas pendientes que hay que resolver. El problema es que esos valores no se inculcan con una charla ni con un taller de dos horas, y creo que la relación con los animales es especialmente valiosa en este sentido. Cuando una persona, y sobre todo un niño o una niña, aprende a cuidar de un animal desarrolla algo que implica mucho más que alimentarlo. Aprende a observar, a mirar más allá de sí mismo, a notar cuando algo no va bien aunque nadie se lo diga, a anteponer las necesidades de otro a las tuyas propias. Es un tipo de aprendizaje que ocurre desde dentro, desde la práctica y desde el afecto, y que es muy complicado replicar en un contexto puramente teórico por mucho que se intente.
Y no es algo que se diga por decir, ya que la evidencia científica respalda bastante bien todo esto. El estudio "Childhood Attachment to Pets: Associations between Pet Attachment, Attitudes to Animals, Compassion, and Humane Behaviour" documenta una relación bastante clara entre el vínculo afectivo con las mascotas y el desarrollo de la compasión y de comportamientos prosociales en edades tempranas. Asimismo, la investigación "Promotion of Empathy and Prosocial Behaviour in Children through Humane Education" va un paso más allá y sostiene que educar a los niños desde el respeto hacia los animales influye directamente en cómo desarrollan su capacidad empática. Y "Teaching Kindness: The Promise of Humane Education" insiste en que este enfoque formativo ayuda a construir personas más atentas, más responsables y más consideradas con lo que les rodea. Al final, todos estos trabajos acaban diciendo, con datos, lo que muchos ya sabíamos de manera intuitiva: que vivir con animales te cambia por dentro, y que ese cambio, casi siempre, es para bien.
Si trasladamos estos beneficios al contexto escolar, las posibilidades son enormes. Investigaciones como "Effectiveness of a school-based programme of animal-assisted humane education in Hong Kong..." demuestran que integrar animales en programas educativos favorece notablemente el aprendizaje social y emocional. Por otro lado, el estudio "The Impact of a School Dog on Children's Social Inclusion and Social Climate in a School Class" analiza cómo la presencia de un perro puede influir positivamente en la cohesión del grupo y en el bienestar general de los alumnos. Es fundamental entender que los animales no son solo "compañía bonita", sino aliados pedagógicos reales que, si se gestionan con respeto y priorizando su bienestar, pueden despertar en los estudiantes una sensibilidad y una calma que son difíciles de conseguir de otra manera. No se trata de idealizarlos, sino de reconocer su potencial para generar ambientes de respeto y ternura.
Por otra parte, los animales nos devuelven a una parte más sencilla y humana de nuestra propia existencia. Vivimos rodeados de estrés, mirando pantallas y pensando siempre en lo siguiente que tenemos que hacer. El animal, en cambio, te obliga a frenar, a salir a pasear, a observar el entorno y a estar presente en el "aquí y ahora". Su forma de vivir es mucho más directa y limpia que la nuestra. No se complican con preocupaciones futuras ni con rencores pasados; simplemente están presentes. Creo que gran parte del bienestar que nos producen viene precisamente de que nos recuerdan principios básicos de la vida que a menudo olvidamos por culpa del ritmo frenético que llevamos.
Una película que refleja muy bien esta relación es Siempre a tu lado, Hachiko. Lo que hace que esta historia sea tan potente no es solo la tristeza que genera, sino cómo refleja la lealtad de una manera tan pura y cotidiana. La relación entre Hachi y su dueño no se basa en grandes gestos heroicos, sino en la rutina y en el acompañamiento constante. El hecho de que sea una historia real, la de un perro que esperó a su dueño en la estación de tren de Japón durante años incluso después de que este muriera, es algo que te deja sin palabras. Nos enseña que un animal puede marcar nuestra vida de forma profunda y que su amor no es inferior por no expresarse verbalmente. Al contrario, es incluso más real porque no está filtrado por el lenguaje; es una historia sobre lo que significa permanecer y querer sin condiciones.
En conclusión, cuanto más analizo la relación entre humanos y animales, más claro tengo que su función va mucho más allá de hacernos compañía. Son verdaderos maestros en el arte de cuidar, de ser pacientes y de respetar la vida en todas sus formas. Quizá, lo más bonito de todo es que nos enseñan sin pretenderlo, simplemente siendo como son. A veces buscamos grandes lecciones en libros de filosofía o en guías de crecimiento personal, pero luego llega un perro, te recibe con alegría tras un largo día y te recuerda lo importante que es sentirse querido. Al final, si aprendiéramos a mirar a los animales con más atención y respeto, seguramente también aprenderíamos a cuidar mejor a las personas que tenemos a nuestro lado.
Y por último, me gustaría saber... ¿crees que los animales nos enseñan a ser mejores personas o que, en realidad, ellos muestran la parte más humana que a veces olvidamos? ¡Te leo en comentarios!
¡Hasta dentro de muy poquito!
Carmen 💗
Referencias bibliográficas
Arbour, R., Signal, T., & Taylor, N. (2009). Teaching kindness: The promise of humane education. Society & Animals, 17(2), 136–148.
Hawkins, R. D., Williams, J. M., & Scottish Society for the Prevention of Cruelty to Animals. (2017). Childhood attachment to pets: Associations between pet attachment, attitudes to animals, compassion, and humane behaviour. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(5), 490.
Mombeck, M. M., & Albers, T. (2024). The impact of a school dog on children’s social inclusion and social climate in a school class. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 14(1), 1–17.
Ngai, J. T. K., Yu, R. W. M., Chau, K. K. Y., & Wong, P. W. C. (2021). Effectiveness of a school-based programme of animal-assisted humane education in Hong Kong for the promotion of social and emotional learning: A quasi-experimental pilot study. PLOS ONE, 16(3), e0249033.
Thompson, K. L., & Gullone, E. (2003). Promotion of empathy and prosocial behaviour in children through humane education. Australian Psychologist, 38(3), 175–182.
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